Galeses por el mundo

Galeses por el mundo

Cuando Gareth Bale se vista de blanco para disputar su primer partido con el Real Madrid, entrará a formar parte del pequeño grupo de internacionales galeses que han desempeñado su oficio en clubes extranjeros. Sin embargo, son muchas las grandes luminarias del País de Gales que han tratado de ampliar su fama en tierras forasteras.

El nombre de John Charles está grabado a fuego en la historia del Juventus desde que el jugador se convirtió en el galés que más éxitos ha cosechado fuera de las fronteras de su pequeño país. El oriundo de Swansea, cuya altura y habilidad le permitían ocupar cualquier posición sobre el terreno de juego, conquistó tres títulos de la Serie A y dos Copas de Italia durante los cinco años que pasó en las filas del equipo turinés. Charles fue elegido mejor jugador extranjero en los cien años de existencia de la Vecchia Signora, por delante de estrellas como Michael Laudrup o Michel Platini. Mientras estaba en la Juve formó parte de la selección de Gales que disputó la Copa Mundial de la FIFA™ en Suecia 1958.

Su 1,88 de estatura y su ética deportiva le valieron el apodo de “El gigante bueno”; de hecho, no recibió ni una sola tarjeta en todo el tiempo que jugó en Turín. A continuación, pasó una temporada en el Roma. Tras su muerte en 2004, otro astro veterano de los bianconeri, Roberto Bettega, declaró: “John es la persona que mejor ha encarnado el espíritu del Juventus y que ha representado el deporte de la forma más pura y excelsa”.

Renacimiento en blanco y negro
La bandera galesa que Charles enarboló en el Stadio delle Alpi pasó 30 años después a manos de Ian Rush, una de las figuras más prominentes de Los Dragones en la década de 1980. Después de un año triunfal con el Liverpool, en el que conquistó dos títulos, el artillero aterrizó en el norte de Italia para enfundarse la casaca blanquinegra del conjunto piamontés.

Rush ha explicado con claridad meridiana las dificultades que entrañaba aclimatarse a Italia, las barreras culturales y lingüísticas que implicaba el cambio, así como la nueva ideología futbolística que había que digerir, pero también las bondades de la experiencia.

“No me arrepiento de haber ido”, comentó Rush. “La época que estuve en el Juventus me hizo mejor persona y mejor jugador. Y lo más importante es que, si no hubiera asumido aquel reto, ahora no dejaría de pensar en lo que pudo haber sido y no fue”.

Otro compatriota que emprendió desde Liverpool el viaje a tierras extranjeras fue el delantero Dean Saunders, quien fichó por el Galatasaray en respuesta a la llamada de su ex entrenador en Anfield, Graeme Souness, con la promesa de que viviría “una gran experiencia”. Y así fue.
 
Saunders levantó la Copa de Turquía después de ver puerta en los dos partidos de la final y otorgar a los suyos la victoria por 2-1 en la prórroga sobre el Fenerbahçe, que supuso un momento mítico en la historia del fútbol turco.

“Metí el balón en la portería del Fenerbahçe por toda la escuadra en el minuto 116, y ganamos el trofeo”, recordaba. “No se me olvida la imagen impresionante de Souness plantando la bandera del Galatasaray en el círculo central del campo del Fenerbahçe durante nuestras celebraciones; un gesto realmente osado, teniendo en cuenta la consideración con la que se trataban aquellas dos hinchadas”.

Después volvería a marcharse con Souness a otro grande europeo, el Benfica, junto con un contingente británico del que también formó parte el internacional de Gales Mark Pembridge.

Mark Hughes es otro galés que ha dejado huella en el fútbol foráneo, nada menos que con el Barcelona y el Bayern de Múnich. Si, por un lado, admite que fichó por el Barça demasiado pronto en su carrera, por el otro destaca que nunca ha olvidado las lecciones aprendidas en Alemania durante la temporada 1987/88. “El Bayern me enseñó cómo se prepara un equipo mental y físicamente en el punto más alto su forma”, ha puntualizado. “Tomaban suplementos y vitaminas, y trabajaban la prevención de las lesiones, la dieta y las técnicas de rehidratación. Espero haber aprovechado bien aquellas lecciones a lo largo de mi carrera de entrenador. Me abrieron los ojos a otra forma de hacer las cosas”.

Aterrizajes en pista cubierta
Algunos han volado un poco más lejos. Uno de los lugares más inimaginables para encontrar a un galés es el Wichita Wings, donde recaló Mickey Thomas, ex extremo del Manchester United, y donde probó suerte en la liga de fútbol sala de Estados Unidos.

“¡Menuda experiencia!”, convino. “Nunca creí que fuera a acabar en un sitio como aquél, pero tengo que admitir que, desde el preciso momento en el que llegué, me lo pasé en grande”.

Aunque la adaptación a la limitada condición física que la liga requería representó un problema al principio, para Thomas supuso una vivencia totalmente increíble jugar con una serie de futbolistas adorados en un rincón desconocido del mundo del fútbol. “Me encantaba. En todos los partidos colgábamos el letrero de no hay entradas en nuestro estadio de 10.000 localidades. Fue una experiencia fantástica, que me ha dejado recuerdos entrañables”.

Antes que Thomas, Mike England, defensa del Tottenham Hotspur y el capitán más joven que tuvo la selección de Gales con anterioridad a Aaron Ramsey, había terminado su carrera en la liga de fútbol sala con el Cleveland Force. También había disputado más de cien partidos con el Seattle Sounders, en la extinta North American Soccer League. Terry Yorath siguió sus pasos, con su fichaje por el Vancouver Whitecaps.

Desde entonces, Carl Robinson, en cuyo palmarés figuran más de 50 partidos con la selección nacional, ha colgado recientemente las botas en el Red Bulls de Nueva York, donde militó tras una estancia en el Toronto FC, también de la MLS.

Un club canadiense al que sigue perteneciendo el delantero Robert Earnshaw. Antes de mudarse al Toronto, Earnshaw jugaba en el Maccabi de Tel Aviv y se encontraba en Israel durante el conflicto de 2012 con Gaza, una época en la que solía ver misiles volando por los aires. “Un día, estábamos a punto de empezar el entrenamiento cuando vimos los interceptores (porque nunca se sabe de dónde se han disparado los proyectiles) sobre nuestras cabezas”.

“Estaban literalmente encima de nosotros y explotaron allí mismo”, explicó. “Fue la locura. Veías cómo estallaban y luego, de 10 a 15 segundos después, te llegaba el sonido y oías la gran explosión”.

Bale confía en que la estancia en el Madrid le reporte grandes experiencias, pero seguro que ninguna de ellas superará en carga de adrenalina las aventuras de Earnshaw por tierras extrajeras.

 

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